¿O no?

Hasta hace poco, un diccionario inglés - español formaba parte del contenido obligatorio de cualquier estudio, o de cualquier mochila de estudiante que quisiera aprender inglés.

Igual, hasta hace algunos años, se veía a turistas con sus diccionarios de bolsillo tratando de hacerse entender en español. Me acuerdo que en aquellos tiempos en el aeropuerto de Cancún, un norteamericano le estaba preguntando a un mexicano en dónde podía “coger” el autobús, a lo que el mexicano le respondió con el típico albur … “pues por el tubo de escape” :-)

A finales de los 90 se complementó el diccionario inglés-español tradicional (o de cualquier otro idioma), con una versión digital avant-la-lettre: el CD-ROM.

A principios de este siglo, llegaron los primeros servicios de traducción en línea. Yo usé mucho AltaVista Translate; era el tiempo en donde Google ni siquiera pintaba como empresa de tecnología. Con algo de trabajo, estos medios nos permitían traducir textos del español al inglés y al revés. Los resultados eran frases sin verbos, o con verbos mal conjugados, pero generalmente entendible para el interlocutor extranjero… obvio, para el que hacía el esfuerzo de entender. Lo que obviamente no era el caso del mexicano antes mencionado :-)

Ya llegando el final de la década pasada, se podían traducir palabras sueltas, frases y hasta textos completos con un simple cut-and-paste. No eran traducciones totalmente correctas, pero sí generalmente entendibles. En esos tiempos algunas personas preveían que ya no iba ser necesario aprender inglés.

Hoy en día con los teléfonos inteligentes, la tecnología de la traducción automatizada, ya está en la nube. Basta meterse en Google Translate para tener una traducción del inglés al español (o cualquier otro idioma) en fracción de segundos. Y todo esto ¡gratis!

Y con esto, llegamos a la primera tecnología que hará que desaparezcan las barreras lingüísticas. Aunque estas traducciones automáticas de Google Translate aún no producen resultados totalmente correctos, cada vez son más acertados por la acumulación de las correcciones humanas que se añaden a su algoritmo.

Si Google Translate es gratis y mejora a grandes pasos, es porque millones de personas no cobran cuando añaden correcciones a las traducciones. Aunque es una estimación, podrían ser más de 200 millones de correcciones humanas diarias que permiten resultados cada vez más acertados en Google Translate. No sé cuánto tiempo falte antes de que las traducciones de Google (y otras aplicaciones) lleguen a la perfección, pero no creo que se tarde mucho tiempo.

La segunda tecnología que crece a grandes pasos, es la del reconocimiento de voz. Aunque Siri (el asistente personal del iPhone) hoy en día llega a equivocarse muy a menudo, o de plano no nos entiende; será cosa de poco tiempo para que fácilmente podamos comunicarnos verbalmente con los dispositivos con los que contamos a nuestro alrededor. También en esta tecnología, cada vez hay más internautas que aportan correcciones para afinar el sistema.

El siguiente paso que ya se está dando, es la unión de estas dos tecnologías. En donde ya podemos hablar con otra persona usando nuestro teléfono inteligente como intérprete. Imagínate hablando en español, y que en tiempo real tu interlocutor anglosajón reciba verbalmente en su auricular tu mensaje, pero traducido al inglés! Para los que ahora empiezan a tener la esperanza de no tener que aprender inglés, siento tener que decepcionarlos.

Aplicaciones como iTranslate ya pueden traducir mensajes verbales, aunque aún le falta mucho para reemplazar al intérprete de carne y hueso. Bueno, eso lo dice una amiga interprete en las Naciones Unidas; ya saben, los que están en sus cubículos de arriba de los grandes recintos. Me comentó que este tipo de tecnología no podrá quitarle el trabajo, esto con el argumento de que un intérprete de carne y hueso también “traduce” el ritmo y la entonación, algo que una voz artificial no puede hacer. Y bueno, está en lo correcto, no es lo mismo la voz de mi amiga que la de Siri :-)

Pero… yo sí creo que mi amiga deberá preocuparse :-( Y esto por una tercera tecnología, o más bien ciencia que está progresando a pasos gigantescos: la bioacústica.

La bioacústica es la investigación de la producción y dispersión del sonido a través de un medio y su recepción en seres vivos.

No se requiere de mucha imaginación para visualizar que uniendo la bioacústica con la traducción automatizada y la tecnología de la voz artificial, será posible que la interpretación de contenidos, se produzca con la misma voz, el ritmo y la entonación del interlocutor.

Y así será posible fusionando estas tres tecnologías, con un auricular conectado a tu aplicación, escucharás la voz de tu interlocutor anglosajón (hablando inglés), pero con el mensaje traducido al español con la misma entonación, ritmo y voz. Y cuando hables en español, tu interlocutor anglosajón igual escuchará tu mensaje pero traducido al inglés.

¡Imagínate que estás hablando español y que el mensaje se traduce al inglés de forma automática con tu voz, ritmo y entonación! Igual, o mejor que lo que puede lograr un intérprete, y lo más seguro a un costo mucho más bajo.

Aunque la tecnología aún no está a este nivel, las semillas ya están puestas y será cosa de poco tiempo para que esto se haga realidad… no lo dudo.

Y una vez optimalizada esta tecnológica, en donde uno pueda expresarse en su idioma nativo y que la otra persona pueda entenderte en su propio idioma, será cosa de poco tiempo; asimismo para que las barreras lingüísticas desaparezcan por completo y para siempre.

¿Entonces? ¿Ya no será necesario aprender inglés u otro idioma?

Depende para que vayas usar el inglés. Si sólo quieres visitar Disney World en Orlando o darte una vuelta por Europa, no lo veo realmente necesario aprender inglés. Basta usar una u otra aplicación que te permita traducir del español al inglés. En sí, usar una aplicación para traducir es más o menos lo mismo que lo que hemos hecho toda la vida como turistas (aunque sea de otra forma); recuerda los diccionarios de bolsillo para turistas. De hecho, en los casi 20 años que me he dedicado a la enseñanza de otros idiomas, no recuerdo a ningún estudiante que sólo haya querido estudiar un nuevo idioma por motivos turísticos.

Para los negocios internacionales, tampoco es necesario aprender inglés u otro idioma aunque también dependa del negocio. Para asistir a un congreso internacional o cerrar un sólo negocio, definitivamente no conviene estudiar otro idioma. Nadie va a estudiar el mandarín para cerrar sólo un negocio en China. Para casos así, existen socios locales e intérpretes. Intérpretes de carne y hueso y que tal vez serán reemplazados por la fusión de las tres tecnologías ya mencionadas.

Pero si realmente busca relacionarse con ciudadanos de otros países, de formar relaciones duraderas, por motivos personales, de trabajo o negocios, deberá estudiar y hablar bien el inglés, aunque existan intérpretes humanos o automatizados.

¿Por qué? Por el factor socio-cultural que contiene cualquier idioma, en este caso, el inglés. Un idioma sirve para comunicarse verbalmente entre los integrantes de una comunidad humana de forma oral, gráfica y gestual.

Pero una comunidad humana es mucho más que un idioma. También es cultura. La RAE describe cultura como el “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial”.

Y para poder integrarse a una comunidad humana, es crucial entender la cultura atrás del idioma. Saber cómo la gente se relaciona, conocer sus valores, entender su historia, la idiosincrasia de la comunidad en donde se quiere incorporar.

Para lograr esto, se requiere saber las variables de una cultura y saberlas interpretar. Yo lo llamaría, tener empatía cultural; y para logar esto, se requiere hablar el idioma de tu interlocutor.

Y no hay computadora, ni súper computadora que pueda tener empatía cultural. Por lo mismo, ¡a estudiar idiomas!

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